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Posted by : Albeertho Riivera domingo, 3 de noviembre de 2013




 Esperaba ansioso a las 11 de la noche en aquella esquina, Sánchez había quedado que pasaría por mí después de que quedamos por teléfono, yo acaba de salir de trabajar y las botas del trabajo me lastimaban un poco, así  más tarde llegó el y enfiló hasta su casa, pasamos antes por unas cervezas y recargar gasolina y así llegamos a su casa.
Se portó bastante amable, hasta eso y puso un DVD en su Home Theater con música de los 80´S (mis favoritas), me senté en un sillón individual mientras él se puso enfrente de mí, bebimos nuestras cervezas, mientras platicábamos trivialidades, él del ejército y yo del trabajo.
Iba ya por la cuarta cerveza y me empezaba a sentir mareado, mal indicio si quería mantener mi superioridad frente al sargento Sánchez.
-No vine a platicar, vine a coger cabrón, así que ven a mamarme la verga, que sé que es lo que te encanta perrita.
Le solté de repente, y sin avisar, el trató de ser sensual y se acercó a mí gateando lentamente como, la perrita que era y le gustaba que lo trataran, pero mientras se me acercaba, una idea pasó mi mente como en ráfaga, así que ya cuando estaba cerca de mí, lo pateé directo en la cara con las botas de trabajo.
-Trae uno de tus uniformes, ¡Movido Cabrón!
Se paró a prisa mientras yo me partía de la risa en silencio y escuchaba el sonido de un clóset de madera abriéndose y como rebuscaba entre la ropa, me lo trajo y me lo extendió.
-Ahora mira, como me visto cabrón
Le hablé en masculino, porque odio tratar a los hombres en femenino, (lo hacía de repente sólo porque sabía que le gustaba pero no era algo que me gustara hacer).
Empecé por quitarme mi ropa, primero el jean, y después la camisa, quedando sólo en un ajustado bóxer negro de Calvin Klein (mis favoritos), había una diferencia entre su cuerpo y el mío pero eso sólo hacía más sensual mi vestimenta, y así quede frente a él con un ajustado pantalón militar desabrochado, la casa sin playera abajo igualmente desabrochada y la gorra militar.
Mis botas de trabajo iban ad hoc con el uniforme así la imagen era tan sensual que hasta a mí me excitó al verme vestido como militar, volví a sentarme en el sillón individual abriendo mis piernas, para que mi  verga palpitara dentro de ese ajustado bóxer negro.
-Ahora, sí, ven a mamar cabrón.



Se acercó gateando, y con sus manos hizo abajo el bóxer, mi verga saltó dándole en la cara, y después el mismo la tomó dándose unos golpes en la cara usando mi verga como macana, empezó por lamer mi glande en círculos llenos de saliva, extendiéndolos y bajando lentamente por el cuerpo hasta devorarla completamente.
Escuchaba sus arcadas y veía como las lágrimas escurrían de su rostro, pero él seguía aplicado a la faena, subiendo y bajando por mi verga, enterrándosela completamente en la garganta para sacarla toda y volver a empezar, de vez en cuando se metía mis huevos en la boca y les daba lametones.
Me paré entonces de repente y con mis botas lo pisoteé en la espalda haciendo que se cayera sobre la alfombra, mientras soltaba una carcajada.
-Desvístete cabrón, que ahora vas a saber lo que es una buena verga.
Le grité y él lo hizo a toda prisa, mientras yo me volvía a colocar en el sillón ahora con mis pantalones militares  hasta los tobillos y mientras me colocaba el condón (habíamos pasado a comprar varios a la farmacia).
-Ahora súbete y ensártate, no cierres los ojos que quiero ver tu cara de dolor cabrón.
No lo dilaté pero le di la opción de que se ensartara a su ritmo y como un acto de gentileza me embadurné la verga de gel lubricante, me obedeció completamente y así sentí como le iba partiendo sus paredes anales con mi verga, sentía como apretaba ese culito de militar entregado a mis deseos, y como gritaba de dolor y placer.
Hasta que sentí como sus nalgas repegaban en mis piernas y sonreí satisfecho, comencé a levantarlo haciéndolo subir y bajar, lentamente por mi verga mientras yo suspiraba ansioso, por lo rico que apretaba su culito, pero él me sorprendió, subiendo y bajando por él mismo ensartándose a su ritmo, casi salvaje, casi bestial.
Si seguía así pronto me iba a venir, así que en un movimiento rápido lo tumbé sobre la alfombra, cayendo encima de él y así subiendo sus piernas a mis hombros empecé a penetrarlo mientras yo gemía de placer por lo apretado de ese culito.
-Ohhhhh sí, Mi Sargento Vega. Me dijo Sánchez en un momento de su propio placer.
Mis gotas de sudor le caían sobre el pecho, quería disfrutar más de ese culito, así que levantándolo me quedé tendido en la alfombra para que el cabalgara a su gusto por toda la extensión de mi verga, estaba a punto de venirme y lo obligue a parar.
Usé el uniforme para dominarlo en su totalidad, me puse de pie y mi verga daba saltitos, mientras yo respiraba agitadamente, concentrado en no venirme.

-Ahora, haz que me venga, usa tu imaginación cabrón.
Le ordené mientras me subía los pantalones y el bóxer sólo para darle otra patada esta vez en el pecho que lo hizo caerse de espaldas.
Se incorporó y empezó una mamada deliciosa (esa ya sin condón), mientras yo no reprimía mis gemidos.
-Así cabrón, que rico, ohhhhh sí
Se me escapaba sin querer, y cuando mi cuerpo empezaba a tensarse para la inminente, se tragó todo mi semen rápidamente para entonces darme la vuelta y empezar a lamer, justo encima de donde empieza la raja de mi culo, lametones fuertes y precisos en ese huesito, que mandaban oleadas de placer a todo mi cuerpo, como un orgasmo tras otro que no sabía como pero me hacía estremecerme, mis piernas empezaron a temblar haciéndome caer, mientras otros chorros de semen salían y me impactaban en la cara y en el pecho, las piernas seguían temblando incontroladamente y mi respiración agitada me llevaba al borde del placer total.
-Mastúrbate.
Le ordené mientras me recuperaba de ese multi-orgasmo, si lo puedo llamar de alguna manera.
-De rodillas
Le volví a ordenar mientras se pajeaba con fuerza, y cuando sentí que ya me podía parar, me subí los pantalones dejando mi verga afuera, recordé como fue que lo abordé y entonces hice lo que creí necesario para marcar territorio, me acerqué a él
-No dejes de masturbarte y chupa.
Empezó a chupar de mi verga y así, forzando un poco al principio, pero que ahí estaban por esas cuatro cervezas el chorro de orina empezó a salir bebió un poco pero se la saqué y empecé a mancharle la cara de orina, misma que le escurría por el pecho.
-Ohhhhh sí …
Exclamó mientras el sargento Sánchez se corría de manera abundante sobre la alfombra y mi orina le bañaba por completo.
Nos bañamos juntos, tomamos las cervezas que nos faltaban y fuimos a dormir, al día siguiente me invitó a desayunar menudo y me llevó a mi casa, prometiendo que pronto habría más encuentros como ése.

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