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Posted by : Albeertho Riivera domingo, 3 de noviembre de 2013



-MGFFFFF, UFFFF – Resoplaba yo, mientras aguantaba los azotes del sargento en mis nalgas que imaginaba ya hinchadas y coloradas, ya que fue la orden que me dio, debía de aguantar lo que hiciera.
Me encontraba amarrado transversalmente a la cama, atado de pies y manos totalmente desnudo, mientras el teniente Onofre nalgueaba sin cesar en mis redondo y apetitoso trasero, sudaba copiosamente y el sudor corría por mi rostro, pero debía aguantar por órdenes del teniente, mientras de vez en cuando sentía su verga  gruesa, venuda y velluda rozar mis piernas o mis nalgas cuando se acomodaba para seguir azotando mí  ya colorado e hinchado trasero.
¿Qué cómo llegué a estar en esa posición?, ese día después de la mamada tremenda que le hice, platicamos un poco y me propuso que obtendría mi cartilla militar si a cambio pasaba una semana “a prueba” en su casa y si era capaz de aguantarlo el movería influencias y en diciembre tendría mi cartilla liberada como si hubiera asistido todo el año, y ya que vivía sólo y más que nada movido por la curiosidad acepté la oferta, ya que a final de cuentas me estaba retando y no lo iba a dejar intimidarme.
Las reglas fueron muy simples, tenía que obedecer sus órdenes sin chistar por una semana completa, si era capaz de aguantar, mi cartilla sería liberada, fuera del ámbito sexual todos los días fueron iguales, aunque sólo me bastó el primer día para entender el ritmo, levantarse a las 4 de la mañana a correr por el fraccionamiento (una zona exclusiva donde vivían los militares su vida civil, en casas muy cómodas y agradables), regresar a casa, darme un baño, preparar el desayuno (totalmente desnudo) y esperar sus órdenes (en la casa debía estar desnudo todo el tiempo), y como lo tomé como un reto, incluso yo era el que levantaba al teniente para ir a trotar, a mí su disciplina militar no me asustaba en lo más mínimo.
Pero fuera de esas normas vino el ámbito sexual, ya que día a día me aplicaba castigos sexuales, supongo que para ver mi resistencia, mismos que empecé a experimentar con curiosidad y a manera de reto pero que serían difíciles de aceptar, su carácter frío autoritario me hacían rendirle tributo pero también vivía en eterna duda de cuál sería la siguiente cosa que me haría.
Fue así como ese lunes estaba con mi culo en pompa recibiendo nalgadas mientras me encontraba atado en la cama, sentía su verga palpitar cada que se acomodaba a darme nalgadas, pero no debía hablar o gritar, la orden era aguantar los azotes pero el teniente me daba consejos para resistir mejor, pasaba y con delicadeza, con esa voz ronca y varonil, me susurraba al oído.
-Pon tu mente en blanco hijo, no sientas el dolor, siente placer…
El sólo hecho de escuchar su voz masculina y susurrante hacían que mi agujerito palpitara, mi piel se estremeciera y empezara a sudar, así tratara de portarme frío e impasible para que no notara a que grado me calentaba, sus canas que apenas se empezaban a ver se mojaban con su sudor y sentía su mano húmeda de sudor golpear una y otra vez, mientras yo gemía y gemía, ese día no hubo más sexo que eso, me dejó amarrado en la cama y así tuve que dormir en esa posición y con el culo en pompa, hasta que fue a desatarme a las 4 am para ir a correr.
Después de su rutina matutina me puso una vez más en la cama, sin pensarlo dos veces fui con él, me agache y acaricié su pecho, estaba pegajoso, pero él se puso de pie enfrente de mí.
-Huele mis calzones- me ordenó sin miramientos.
Sus calzoncillos estaba llenos de su verga, pasé mi nariz sobre sus calzoncillos y pude sentir que aún estaban húmedos, ahora pasados a verga y sudor fresco, Onofre me tomaba gentilmente la cabeza y me dejaba olfatear por sobre su slip.
-Así hijo, hazlo bien- decía mientras me restregaba su verga en la cara
Sentir el aroma y el grueso de su verga por sobre la tela me tenía loco, comencé a jadear como animal. El teniente sutilmente sacó su glande a la luz por un lado de sus calzoncillos, mi nariz se fue directo a su piel, Una mezcla de orines, sudor y verga natural, era un deleite, luego la sacó completa, era una hermosa verga cabezona con un suave prepucio. Me la pasó por la cara y la dejó apoyada en mí cara, era gorda y pesada, en mi mentón  tenía apoyadas sus bolas, hasta más arriba en la frente, donde sentía la humedad del glande. Se me hacía agua la boca, la tenía abierta, entonces el teniente arrastró la punta de su verga hasta llegar a la entrada de mi boca y la fue metiendo poco a poco, su carne me llenada y mis saliva comenzaba a derramarse de tanta hambre, con la verga ya toda adentro apreté mi cavidad bucal y sentí la enormidad de aquel monstruo.
-Ahora quietecito si no quieres que te vaya mal cabrón-
Estaba a su merced, a su entera disposición, pero en ese momento nada llegaba a mi mente, Onofre hizo que me quedara arrodillado y sentí que me amarraba las manos detrás de mi espalda.
Nuevamente sentí el aroma de sus genitales, abrí los ojos y vi frente a mí su verga gorda más dura y chorreante que antes, era un verdadero monstruo que había despertado para taladrarme, la sentí en mi mejilla como un fierro caliente, sentí que me tenía firme agarrado de la cabeza, sus uñas me agarraban del cráneo como ave de rapiña, duras y pesadas.
-Abre la boca y saca tu lengua cabrón-
Saqué la lengua un poco y de un  momento a otro dejándome sin respiración me encajó su pollón haciéndome abrir los ojos de desesperación, su verga tocó fondo…lo miré con miedo y de improvisto me la sacó y con ella una primera gran arcada escapó de mi boca. Empecé a salivar como un perro rabioso.
-Argggh- se me escapó y una bofetada me estampó de lleno en el rostro.
-Tranquilo hijo, o será peor- me dijo el teniente mientras me revolvía el cabello como un padre a su hijo.
No alcancé a decir más y nuevamente me la volvió a ensartar a tope hasta que sus bolas golpearon mi mentón, sus bellos púbicos fue lo último que alcancé a sentir antes de nuevamente quedar impedido de respirar, con la mirada arriba vi como arrugaba el ceño y disfrutaba con su misión, su verga nuevamente se alojó en  mi garganta, pero cuando intenté tomar aire no pude, era como si algo se hubiese quedado en mi garganta que me impidiera respirar, entré en pánico y empecé a forcejear con las amarras.
Onofre me agarró de las orejas y clavó su verga en mi boca con violencia extrema, mis ojos se habían desorbitado y sentí que su espada me estaba destrozando, cuando sentí un gran espasmo en mi vientre, mi boca estaba engarrotada, pero él había empezado a follarme la boca, en ratos con mucha velocidad, a veces más lento dejándome respirar hasta que me tomó de las orejas con fuerza y sentí su verga gorda y deliciosa palpitar en mi boca, mientras una gran corrida de semen me llegaba a la boca y yo lo dejaba escurrir, manchando la cama de su semen, que fue muy abundante.
-Oh si chiquitooooooo … - exclamó mientras se corría.
Entonces levantó mi rostro y aún con los restos de su semen en su boca, me dio un beso largo y prolongado usando su lengua, limpiando muy bien y saboreando su corrida, mientras me abrazaba para quitarme los amarres de las manos sin dejar de besarme, mientras su verga, incansable, volvía a palpitar como amenazando con volver a despertar.
Me soltó y volví a quedar tumbado boca abajo sobre la cama, él se tendió sobre mí, apoyando su paquete contra mis glúteos, se desprendió de los calzoncillos y de manera suave restregó su erecto pene entre mis nalgas... Estire la mano para tocarle la polla, al tacto me pareció enorme, sobre todo muy gorda... mis dedos se llenaron de líquido pre-seminal cuando acaricie su glande...
 Sin dejar de pasar su gordo cipote, a lo largo de la raja de mi culo, tiro de mi cabeza y de forma casi violenta, metió su lengua en mi boca, clavando su pecho contra mi espalda casi dolorosamente... Mi polla atrapada contra las sabanas de la cama, vibraba pues quería salir a jugar... El pareció darse cuenta de ello y metiendo una de sus manos bajo mi abdomen, comenzó a masturbarme... el placer me invadía y antes de terminar sobre las sabanas, me soltó; y lo vi completamente desnudo... ante mi tenía un hombre como pocos, una bestia peluda deseosa de tener sexo... y yo tenía la suerte de que era conmigo.
Su polla sin ser enorme, era gorda y cabezona,... Sus dedos comenzaron a pasear por mi agujero, minutos después, Onofre empezó a juguetear metiendo dos y hasta tres dedos.
-¡Espera chiquitín, y verás lo que es gozar!
 Me pidió que me pusiera a cuatro patas al píe de la cama, lo mire con miedo, pero accedí cuando dijo:
- ¡No, no te voy a penetrar… todavía!
 Adopte la postura que me pidió, y agachándose en pos de mi ano, hundió su lengua en mi hendidura haciéndome que me retorciera de placer. … Sus manos apartaban delicadamente mis glúteos para hacer mayor la simbiosis entre mi agujero y su boca... Sus lengüetazos lubricaban mi recto y se abrían paso hacia un lugar que hasta ahora le había parecido infranqueable... 
Cuando creyó que estaba preparado, me lubricó con más saliva y se puso un preservativo,  podía ver sus deseosos ojos, que si no entraba en mi cuerpo, tarde o temprano se iba a morir de la desesperación aunque trataba de negármelo, ya que ambos no queríamos admitir esa corriente de deseo que nos calcinaba por dentro, esa lujuria que nos hacía babear el uno por el otro, aunque él fácilmente pudiera ser mi padre.
Como quería que mi historia con aquel machote, perviviera en mi recuerdo. Me relaje todo cuanto pude; con el único fin de que pudiera entrara en mi cuerpo. Pero la verga de Onofre no era gorda... lo que le sigue,  Y por más que el pobre lo intentaba, aquello no me traspasaba. Así que Onofre, que no estaba dispuesto a que la noche terminará sin hacer mío su culo, se armó de coraje y me dijo:
-¿Ya estás preparado?... ¿Quieres que entré en tu cuerpo?, porque tu culo no parece aprobarlo cabrón y si no te relajas lo haré a la fuerza-
- Si, hágalo teniente- dije con una voz impregnada de lujuria.
Cuando la cabeza, de aquel gordo cipote, pasó a lo largo de mi recto, un dolor me invadió las entrañas... El paró su embestida aguardando que mi esfínter se dilatara, cuando fue consciente de este cambio bombeó su cuerpo contra el mío, despacio al principio, después un poco más rápido, hasta que su polla entraba y salía de mi de un modo frenético... Mi cuerpo se debatía entre el dolor y el placer, cediendo ampliamente ante este último a medida que el peludo macho empujaba su cuerpo dentro de mí... 
El aguante de mi teniente era tremendo, moviendo su pelvis en pos de prolongar más el placer que atenazaba mi cuerpo, que a pesar de haber sido follado anteriormente, nunca lo habían hecho, con tanta maestría y empeño... nos corrimos al unísono, sentía el dolor de mi culito cuando se contraía apretando esa verga tan gorda y al final terminamos derrumbándonos como dos muñecos rotos, mientras yo caía en el charco de mi propio semen...
Nos quedamos dormidos un rato, agotados de la sesión y ya después nos bañamos juntos, aún faltaban 5 días y si venían así de fuertes no sabía si lograría aguantar…

FIN.


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  1. No manches ya que faltaba para diciembre presenta a ese teniente eso es lo malo de que no me aya tocado bola blanca pero si precentalo a ese teniente siiiiii

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