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Posted by : Albeertho Riivera sábado, 17 de agosto de 2013

Entramos a una sala llena de cuadros, caballetes, pinceles y demás utensilios de pintura. Las paredes rebosaban todo tipo de ilustraciones y lienzos hechos por aquel hombre.

- Bueno, ve quitándote la ropa, puedes dejarla en esa silla. Luego túmbate boca abajo en aquel diván, yo también voy a ponerme algo más cómodo que hace mucho calor- dijo el artista.

Asentí con la cabeza y comencé a hacer lo que él me había ordenado. Estaba sólo en la habitación y me di cuenta que la situación me resultaba mucho más incómoda de lo que me había imaginado en un principio. A pesar de todo, me desnudé y me tumbé. Pensé que podía irme y dejarlo todo, pero una parte de mi me aconsejaba que no lo hiciese.

-Ya estoy- dijo- Agosto en Madrid es horrible, necesitaba ponerme algo más fresco.

¿Algo más fresco? Pero si apareció únicamente con un pantalón corto, tipo futbolista, y para colmo sin ropa interior porque con cada movimiento que hacía, veía como un buen trozo de carne se contoneaba entre sus piernas.

-¿Estas nervioso? – Me preguntó - ¿Estás preparado?

¿Cómo cojones no iba a estar nervioso si estaba en una casa solo y en pelotas, mientras un tío al que llevo siguiendo la pista por internet desde hace años y que para colmo está más bueno que el pan, está casi desnudo delante de mis narices y estoy viendo como se le marca el rabo en ese mini-pantaloncito cada vez que se mueve? Estaba muy nervioso, mucho. Pero decidí dejarme llevar y hacer lo que me fuese pidiendo. Yo había sido contratado para posar, nada más, no debía hacerme ningún tipo de conjetura extraña. Así que intenté relajarme. Primero empezó a hacerme fotos, decía que así luego podía copiar posturas y volúmenes para sus ilustraciones. Nunca he sentido vergüenza de mi desnudo, al contrario, aquella situación me estaba dando muchísimo morbo, así que me dejé hacer. Nadie me había fotografiado nunca como Dios me trajo al mundo y aunque Ismael estaba siendo muy amable, en el tono de sus palabras captaba un doble sentido que me empezó a poner súper burro. A veces se acercaba para hacer primeros planos de determinadas cosas. “Dobla el brazo así” ó “estira la pierna” –me pedía mientras hacía fotos a cada movimiento. Se inclinaba para indicarme como tenía que ponerme y se rozaba levemente conmigo, era una caricia muy suave, pero la justa y necesaria para sentir la dureza que empezaba a habitar su entrepierna. A partir de ese momento no pude apartar mis ojos de su paquete. No podía dejar de mirar la danza de aquel rabo que se intuía perfectamente a través de esa fina tela. Se intuía su tamaño, su grosor… Y él se dio cuenta, vamos que si se dio cuenta…

-¿Estás bien? No paras de mirarme el paquete.

-No, lo siento, perdona, es que a veces... Es que es la primera vez que hago esto, lo siento- le contesté nervioso.

-No pasa nada, ahora ponte boca arriba – me ordenó con una sonrisa pícara y autoritaria.

Y ahí no pude esconderlo. Al darme la vuelta mi polla quedó al descubierto. Estaba dura y dispuesta. Ahí no tenía nada que la escondiera. Nada que escondiese sus venitas en tensión, nada que escondiese como se había replegado la piel del prepucio con la enorme erección que tenía, dejando el glande al descubierto. Nada que escondiese mis ganas y mi deseo de tirarme a aquel hombre.

-¡Vaya! –dijo él sorprendido y con la ironía inundando su rostro.

-Lo siento, de verdad –respondí- Si quieres me voy.

-¿Irte? No te avergüences, si yo estoy casi igual. ¡Mira!

Un enorme rabo asomó por la pernera del pantalón. Me quedé inmóvil, no sabía qué hacer, pero estaba claro que debía reaccionar. Tenía delante de mí a un pedazo de chulo que me estaba enseñando el nardo y que empezaba a estar tan duro como el mío… Dos más dos son cuatro.

-Bueno, algo tendremos que hacer – observó Ismael.

Y sin ningún tipo de pudor ni miramientos, abrió su boca y se tragó mi polla entera, de una vez. Sus carnosos labios la mordisqueaban suavemente. Enroscaba su lengua como si de una serpiente se tratase, me agarraba los huevos… Aquello era un sueño y yo no quería despertar, así que decidí tomar la iniciativa. Lo aparté y lo besé en la boca. Sus labios se pelearon con los míos y las lenguas danzaron juntas mezclándose entre sí. Su saliva se hizo mía. Nos separamos un segundo y nos quedamos mirando a los ojos. De nuestras bocas colgaba un hilillo fino, no se si era el líquido pre-seminal del que él había estado disfrutando hacía un momento o era el jugo de nuestras lenguas. Mantener aquella mirada era muy difícil, su mirada era inquisitoria, dura, sexual y morbosa. Comenzamos a besarnos nuevamente, con pasión. Nuestras respiraciones estaban agitadas. Ismael se separó y me escupió dentro de la boca. Aquello me volvió loco, no pude hacer otra cosa que tragármelo y seguir disfrutando de aquel polvo que no quería que acabase nunca. Lo puse a cuatro patas y le bajé un poco el pantaloncito. Su polla me encantaba, pero quería ver su culo. Le separé los cachetes con fuerza e inspiré. El aroma era espectacular. Abrí la boca y extendí la lengua desde donde acaban los huevos hasta justo la entrada de su culo. La paseé un par de veces mientras él gemía con más y más fuerza. Su muro se derrumbaba y clavaba la cabeza en el diván mientras levantaba el culo todo lo que podía para que yo pudiese comérmelo a gusto. El tacto era fantástico porque tenía la suavidad de estar depilado, pero una leve sensación de áspero, como si comenzasen a salir los pelitos. Lamí, chupé, succioné y mordisqueé todo lo que pude aquellas arruguitas rosadas que formaban la entrada de la cueva. Introducía la lengua, la nariz, la nariz, la lengua… A veces las alternaba. Restregaba la barbilla con mi barba por aquel agujero oscuro. Ismael no decía nada, solo gritaba y gemía mientras con unas de sus manos me apretaba la cabeza contra su ojete para que no me despegase de él. Yo obedecía sin rechistar, quería comérmelo todo, estar dentro de él, meter la cabeza, comérmelo por dentro… Quería llenarlo de mí.

Poco a poco introduje un dedo, muy despacio, pero con la comida de culo que le había hecho aquello se abrió de tal forma que pronto tenía dentro los tres más largos y él ni se había inmutado. Mientras mis dedos se follaban aquel culito, él se pajeaba. A mi aquella situación me tenía alucinado, nunca en mi vida había echado un polvo tan morboso como ese. Mi polla era como de piedra y un líquido trasparente embadurnaba la punta. Muchas veces había soñado con este momento cuando veía sus fotos en internet, cuando veía sus ilustraciones o leía sus entrevistas, pero es que ahora estaba pasando de verdad. No me lo podía creer.

-¡Fóllame, por favor! ¡Te lo suplico! - me gritó.

-Tus deseos son órdenes para mí- le advertí.

Apoyé mi glande en la entrada y aproveché el líquido que soltaba y los restos de mi saliva como lubricante. Lo restregué bien por todo el ojete y comencé a meterlo muy despacio. Sentir como mi polla empezaba a abrirse camino en aquel culo casi me hace correrme. Se la metí entera, muy despacio, y no paré de empujar hasta que sentí que mis huevos hacían tope contra él. Se la había encajado hasta las mismas entrañas. Ver a aquel hombre con los ojos en blanco de placer culear de aquella forma me encantaba. Embestía con fuerza, me lo follaba salvajemente, tanto que mis huevos pegaban contra los suyos produciendo un sonido parecido a las palmaditas. Éramos como dos bestias follando sin compasión.

-¡Túmbate, quiero cabalgarte! – me volvió a ordenar.

Yo hice lo propio y me tumbé. Él se sentó de golpe en mi polla, tenía el ojete tan dilatado que mi polla entraba y salía de su culo con total facilidad. El muy cabrón se la clavaba entera y cuando se la había metido hasta la empuñadura, contoneaba sus caderas para sentirla moviéndose dentro. Al hijo de puta le gustaba jugar a provocar en su web, pero la verdad es que podía hacerlo, era un verdadero maestro en la cama. Era el puto amo.

-Como sigas así me voy a acabar corriendo – le grité.

-Ni se te ocurra, aún no he acabado contigo – me ordenó mientras se levantaba y me ponía de pie apoyado contra la pared. Me separó las piernas, se arrodilló y me escupió en el ojete. Yo tenía la polla a punto de reventar, pero sentir aquel escupitajo en mis entrañas y aquella lengua hurgándome dentro, me llevó al séptimo cielo. Luego paró un segundo y antes de que me diese tiempo a volverme para ver qué pasaba, se había puesto de pie y me había insertado esa enorme tranca que tantas veces había visto yo insinuada en sus fotos, pero nunca había tenido la suerte de catar. Era enorme y muy caliente. Sentí como si una barra de hierro candente me estuviera rajando por dentro, pero la situación me daba tanto morbo que pronto mi culo se adaptó a aquel mástil que me estaba follando. Me agarraba de los hombros y se impulsaba más fuerte, yo sentía que me iba a reventar pero a la vez no quería que parase, era una extraña contradicción. Mientras me follaba me mordía el cuello, me pegaba cachetadas en el culo, estaba que no podía más. Estaba tan caliente y tenía el culo tan sensible con esa follada que me estaba pegando que casi podía sentir el relieve de sus venas haciéndose hueco para adentrase más y más dentro de mi. El agujero me ardía.

-No puedo más Ismael, no puedo más.

Nos tumbamos en la alfombra y empezamos a pajearnos, primero nosotros mismos y luego uno al otro. Estaba deseando ver como se corría aquel enorme cipote que tanto me había hecho disfrutar.

-Méteme los dedos – me susurró al oído.

Podía haberlo hecho, pero la mente humana es perversa y la mía mucho más. Cogí varios de los utensilios que tenía en el estudio y empecé a jugar con ellos. Primero le introduje un pincel, uno finito. Luego otro un poco más grueso. Y luego otro más. Los ojos de Ismael me miraban y sin palabras me pedía que no parase. Su mirada reflejaba lo mucho que le gustaba que me lo estuviese follando con las herramientas con las que él trabajaba. Aquel culo no tenía fin, era algo realmente increíble, así que después de estar un rato metiéndole un rotulador de los gordos, decidí volver a meterle mi polla. Sabía que no iba a aguantar mucho, pero al menos si lo suficiente para que se corriese a gusto. Estaba tumbado en el suelo con las piernas levantadas y yo arrodillado metiéndosela. Se pajeaba mientras me lo follaba y yo intentaba chupársela a ratos sin parar de embestirlo. De repente empezó a rugir. Aquello no eran gritos, eran rugidos acompañados de “No pares por favor, no pares”. Un chorro salió disparado y le cayó en la cara, el resto sobre su pecho. Fueron tres más, si mal no recuerdo. Lo que acababa de ver para mi supuso la traca final, así que saqué el rabo de su nueva guarida y lo coloque justo en la entrada de su culo. Mi mano hizo el resto. Pronto empezaron a salir disparados los chorros de mi lefa. El primero atravesó su esfínter, el resto salpicó hacia fuera. Lo observé un segundo exhausto, tirado en el suelo y sudando mientras su culo chorreaba toda mi leche. Me acerqué y volví a besarlo con la misma fuerza que al principio. Con mi lengua lamí su cara limpiándole su propio semen. Nunca se me olvidará ese sabor. Nunca se me olvidará mi trabajo como modelo. Nunca se me olvidará el polvazo que eché con Ismael Álvarez.

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  1. se me paro con solo leer jejjee agregan skype ? arion-19

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