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Posted by : Albeertho Riivera sábado, 17 de agosto de 2013


 A las cinco en punto suena el timbre. He quedado con un chulo por el chat de WillkommenGay y es bastante puntual. Eso me gusta. Abro la puerta y sorpresa, no viene solo.

- Espero que no te importe, he traído a un amigo – me dice.

Echo un vistazo rápido y claro que no me importa, su amigo está tan bueno o incluso más que él. Tengo en el umbral de mi puerta a dos niñatos chandaleros con pinta de bakalas, con sus gorritas, sus oros… Me lo voy a pasar bomba.

- No, claro que no, los amigos de mis amigos son mis amigos. Pasad, no os quedéis ahí.

Les hago entrar y me quedo retrasado observando esos andares de extrarradio que tanto me gustan. Me ponen cachondo los tíos que no sabes si te van a follar o te van a dar una paliza y si hubiese visto a estos dos por la calle lo que menos habría imaginado es que perdían aceite.

Se sientan en el sofá y yo me siento en medio de los dos.

- ¿Queréis tomar algo?- pregunto de forma cortés

- Yo no he venido aquí a tomar nada – me responde el invitado sorpresa.

- ¿Y a que has venido? – le pregunto con una mirada de deseo

- Tal vez sea a ti al que le apetezca tomar algo – me dice mientras con la mano se coge el paquete que marca una buena erección debajo del chándal.

Está claro que quieren follar, así que me dejo de formalismos y me arrodillo en el suelo. Esta es una de esas situaciones donde tienes que comportarte como un verdadero cerdo, porque tienes que ser un buen anfitrión, así que me pongo manos a la faena y me dedico a ello en cuerpo y alma.

Empiezo a mordisquearle la polla por encima del chándal, con mis labios, con mis dientes… Paso la lengua a lo largo de todo ese trozo de carne que palpita dura debajo de la ropa. El otro tipo se me acerca y se sienta al lado mientras se empieza a trastear el paquete él mismo.

Necesito disfrutar de aquella polla que se intuye enorme así que le bajo los pantalones y los calzoncillos y me la meto entera en la boca. Es gigantesca, tanto, que me viene una arcada a la boca.

- Ey, tranquilo, no seas agonías- me dice el niñato mirándome desde debajo de su gorra y disfrutando por la sensación de poder que le produce tener una polla tan grande- que no se va a acabar.

Abro la boca y me la introduzco muy despacio. Poco a poco. Mi lengua juega recorriendo todo ese enorme camino. Repasa las venitas hinchadas, que son muchas. Acaricio ese glande rosado que tiene forma champiñón. Me estoy comiendo una de las pollas más bonitas que he visto en mi vida. Está circuncidada, pero su forma es perfecta, tanto el grosor como la longitud, es una polla perfectamente proporcionada a pesar de su enorme tamaño. Mientras me la estoy comiendo la rodeo con una de mis manos y mientras la mamo, mi mano sube y baja a lo largo de esta enorme columna de carne y venas. La otra mano sube por su estómago y su torso. Están muy delgados, pero están fibrados. Mis dedos suben por la escalera de su abdomen, recreándose en sus tetillas sin pelo y sintiendo lo fríos que están sus cordones de oro.

Echo un vistazo a su amigo y ya se ha bajado los pantalones y se está meneando el rabo, le hago señas para que se acerque y lo hace. Intento rodear las dos pollas con una sola mano pero es casi imposible. Abro la boca todo lo que puedo y me introduzco las dos a la vez. Sentir dos enormes pollas dentro de mi boca me hace volverme loco de deseo y solo quiero más y más y más… Una vez que me enciendo no puedo parar. Mi garganta es follada a la vez por dos pedazos de trabucos, a cual más grande. Intento metérmelos enteros hasta que mi nariz siente el cosquilleo de sus vellos púbicos. Creo que se me va a rajar la comisura de los labios y también noto como las dos pollas se aprietan una contra otra dentro de mi estrecha garganta. Los dos hijos de puta que me están follando empiezan a culear, con lo que cada polla coge su propio ritmo de embestida. Entran y salen de mí y yo casi puedo sentir el relieve de sus venas desflorándome la garganta. Mi boca es una mezcla de babas, líquidos preseminales y rabos. Con sus manos dirigen mi cabeza, apretándola contra ellos cuando quieren sentir más presión y profundidad. Estos cabrones serán muy jóvenes pero se nota que no es la primera vez que actúan en grupo.

Uno de ellos me baja el pantalón del pijama. No llevo calzoncillos, nunca. Primero me masajea un poco el rabo, pero no es tan espectacular como los suyos y además, está claro a lo que han venido, a por mi culo. Así que pronto empiezo a sentir como un par de dedos se va abriendo paso por mis esfínteres, hasta el infinito y más allá. Los bakalas me obligan a ponerme a cuatro patas sobre el sofá y ambos se ponen de rodillas en el suelo para comerme el ojete. Sentir el aliento de dos tíos en mi agujero es como viajar al paraíso, pero sentir las dos lenguas enroscándose y peleándose por ver cual llega más lejos es el puto cielo. ¡Joder, que gusto! Me pasan la lengua bien abierta por todo el culo, luego me intentan follar con ella, me mordisquean las arruguitas que forman la entra de mi cueva, me soplan dentro, Y me escupen. Me escupen muchas veces, muy fuerte, muy profundo… Siento como aquellos lapos traspasan mi ojete adentrándose en mi interior. Mi polla está a punto de reventar, lleva un buen rato babeando y con nada que me roce podría correrme, por eso ni me la toco. En vez de eso me masajeo los huevos y de vez en cuando, introduzco alguno de mis dedos en mi culo para hacerle la competencia a esas lenguas ávidas de sexo.

Pronto empiezo a sentir una presión mayor. Algo mucho más grande intenta abrirse paso dentro de mí. Es el cipote del chaval con el que había quedado por el chat. Tiene una polla muy gorda, mucho más de lo que parecía por la webcam cuando me la enseñó. Mi culo pone un poco de resistencia, pero intento relajarme y disfrutar de aquella enorme tranca que me está separando el cuerpo en dos. La va introduciendo poco a poco, muy despacio, centímetro a centímetro. Me la metió entera, toda, hasta que pude sentir como sus enormes pelotas hacían tope. Cuando estoy tan caliente me gustaría que me metiesen hasta los huevos, quiero sentirme lleno, repleto, saciado…

Yo estaba a cuatro patas en el sofá mientras un niñato de no más de diecinueve años, pero si muchos más centímetros de longitud y grosor, estaba de pie detrás de mí regalándome una de las mejores folladas que me han regalado en mi vida. Primero me follaba muy despacio, muy suave y de repente embestía con fuerza acelerando el ritmo. Cuando me había pegado varias clavas, volvía a suavizarlo… Su amiguito primero observó la escena desde la distancia mientras se regalaba el mismo algún que otro meneo en el manubrio, cuando se hartó de ser voyeur, decidió convertirse en parte activa del trío y me metió la polla en la boca. Entera y de una vez, salvajemente y con la misma fuerza que su amigo me partía el culo, el decidió partirme de nuevo la garganta. De repente me sacó el rabo de la boca y pensé que iba a correrse, pero lo que hizo en vez de eso fue empezar a pegarme pollazos en la cara. Me daba con su glande en los mofletes, en los labios, en la lengua, que yo la sacaba con la intención de recuperar aquella enorme arma para seguir deleitándome con ella. Restregaba su glande por mi barba, me volvía golpear con él. Yo estaba en estado de éxtasis.

- Creo que ya va siendo hora de la traca final- dijo la sorpresita.

Comencé a temer por lo peor, pensé que quería correrse y largarse ya y la verdad, no me apetecía nada, quería seguir disfrutando de todo aquello que me estaban haciendo. Una vez más, el muy cerdo volvió a sorprenderme porque en vez de correrse como yo creía, comenzaron a empalarme con las dos pollas a la vez. Uno estaba debajo de mí y el otro de pie, justo detrás. Yo seguía a cuatro patas solo que ahora tenía el agujero del culo tan estirando por culpa de los dos enormes cipotes que pretendían follarme que no sabía si estaba sintiendo dolor o placer. Aquellas arruguitas se quedaron tirantes, mientras poco a poco y con ayuda de bastante saliva esos dos troncos comenzaron a resbalar hacia dentro. Lo hacían muy despacio. Los cabrones tenían el número súper ensayado, pero mi culo nunca había estado tan dilatado, así que necesitaba que fuesen muy cautelosos. Poco a poco fueron introduciendo todo lo que la Naturaleza les había dado y sin darme cuenta, tenía dos enormes pollones bailando en mi interior. Cada uno llevaba un ritmo distinto. Uno más fuerte, otras más lento, uno más suave, otro más salvaje… Pero siempre se complementaban. Aquellas dos enormes trancas se retorcían dentro de mi estrecho pasadizo mientras sus enormes cojones hacían tope. No hay nada que me guste más que sentir como los cojones del tío que me está follando pegan contra los míos, pero claro, si lo que te están follando son dos tíos en vez de uno, el número de cojones es inversamente proporcional al ruidito que producen con cada embestida. A mi esas palmaditas me saben a gloria. Por primera vez en la vida me sentí realmente lleno. Me sentí completo. Me sentí totalmente petado. Aquellos dos cabrones me estaban follando mientras sus enormes medallones golpeaban contra su pecho en cada embestida. Cuando el que estaba detrás de mí, se tumbaba sobre mi espalda y me cogía de los hombros para impulsarse, podía volver a sentir el frío de sus cadenas.

Los kinkis me dejaron el culo vacío y me empezaron a restregar los dos nabos de nuevo por la cara. Yo los chupaba, los mordía, los saboreaba… Intentaba disfrutarlos al máximo sabiendo que pronto se acabaría todo aquello, y así fue porque tras volver a metérmelos en la boca los dos juntos, empezaron a correrse. Era imposible albergar dentro toda la leche que echaron aquellos dos adolescentes. Era blanca, espesa, abundante, sabrosa… No hay nada como la leche calentita de dos niñatos bakalas. La lefa resbalaba por mi cara, mi boca y mi cuello. Juventud, divino tesoro, porque a pesar de la enorme corrida que se acababan de pegar, aquellas pollas seguían tan duras y tiesas como al principio, pensé que volverían a follarme, sobre todo cuando uno de ellos me dijo que aún no habían acabado conmigo, pero no fue así, de nuevo otra sorpresa…

El invitado estrella, ese que yo desconocía hasta que abrí la puerta, pasó su mano por mi boca, me la introdujo, me la hizo chupar y cuando ya estaba bien lubricada con mi saliva y sus lefas, me la empezó a introducir por el culo.

- Después de la follada que te hemos pegado, no te costará que te meta esto- me dijo.

Un dedo, dos, tres, cuatro… Me había metido cuatro dedos y me seguía follando como si nada. Mi culo estaba muy dilatado, pero aun así, sentía la presión de ese último dedo que también quería entrar. El cabrón quería meterme el puño. Mi ojete estaba muy sensible y yo podía sentir como cada embestida me gustaba más que la anterior. Nunca en mi vida me habían hecho eso y no sabía si sería capaz. De mis ojos caían dos lagrimones, no sé si del gusto, del morbo o del miedo que todo eso me producía, así que cerré los ojos, no quería verlo.

- Relájate- dijo el otro- Así podrás disfrutar mejor.

Dicho y hecho. Intenté relajarme y efectivamente, el puño entró. De nuevo esa sensación de estar repleto, me sentía relleno…

- Abre los ojos, mira esto- me dijo el que me estaba haciendo el fist.

Al abrir los ojos pude ver como su puño, su muñeca y un buen trozo de su brazo se habían perdido dentro de mí… Y me corrí. Ver aquello me puso tan caliente que de repente me corrí. Un enorme chorro de líquido blanco salió del agujero de mi rabo con tanta fuerza, que casi me da en la cara. Salió disparado, hacia arriba y sentí la fuerza que llevaba cuando volvió a caer sobre mi pecho, como un misil. El otro tipo comenzó a chupármela y acabé de correrme dentro de su boca. Poco a poco fue sacándome el puño y cuando lo hizo, ambos se fundieron en un enorme beso con lengua y al separarse pude ver como los hilillos de mi leche, que no habían dudado en tragar, los seguía uniendo. Yo quedé exhausto en el sofá y casi no podía moverme, me sentía realmente cansado, pero por primera vez en la vida, me sentí realmente saciado.

- Ahora sí que me tomaría ese algo que nos ofrecías antes- dijo el de las sorpresas.

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